jueves, 3 de marzo de 2011

A los pies de la muerte (3ª)

Escuchaba un frenazo muy cerca de mí, me giraba y solamente me daba tiempo a hacerme un ovillo en el suelo pidiendo que al conductor le diera tiempo a frenar.

 

{...}

Las lágrimas empezaron a inundar mis ojos, una compañera me avisó que la clase había finalizado. Aguantando las lágrimas cogí mi mochila y salí de la clase en dirección al recreo. En la puerta del instituto me sequé una lágrima que se había escapado y volví a llamar a Álvaro. No me cogió el teléfono y decidí acercarme a su casa en el poco rato que me quedaba. Estaba allí. Me explicó que no había ido a clase porque había pasado muy mala noche y no se había encontrado con suficientes fuerzas para ir a clase. No me había cogido el teléfono porque no recordaba donde lo había dejado. Mis sospechas solo habían sido obra de mi imaginación. Falté a las clases que tenía después del recreo y me quedé con él para cuidarlo, además porque él mismo me lo había pedido y no podía negarle nada. Lo amaba demasiado.

Cuando su hermano llegó del colegio a las dos y cuarto de la tarde, me despedí de él y me maché a mi casa. Esa misma tarde iba a pasarla de nuevo con él.

Llegué a mi casa, puse el móvil a cargar y me fui a comer. Después descansé un poco y me arreglé para ir a la casa de Álvaro. Cuando iba de camino a su casa recibí un mensaje suyo en el que me decía que se encontraba bien y me esperaba en la plaza que había delante de su casa.

Estuve allí a la hora acordada, pero él no estaba. Esperé durante un buen rato. Miré varias veces el reloj de muñeca que él me había regalado y entre una vez y otra había pasado casi media hora. Me estaba poniendo nerviosa. Aquella era la misma escena de mi pesadilla y no me gustaba. Al cabo de poco rato después vi a Álvaro salir del portal de su casa. Al verlo, una alegría me inundó todo el cuerpo y eché a correr en su dirección para abrazarlo. Cuando estaba cruzando, vi que en su cara había una expresión diferente a la normal y me quedé petrificada allí. Después todo pasó demasiado deprisa. Alguien me gritó “¡¡Alicia, muévete!!”, pero yo solo escuché las ruedas de un coche como giraban por la curva a toda velocidad y como no le daba tiempo al conductor a reaccionar al verme parada en mitad de la calzada. Después de eso noté un golpe muy fuerte que me dejaba sin aliento, cómo una parte de mi se desprendía de mi cuerpo, cómo unos cálidos labios intentaban devolverme el aliento de vida que se encapaba por mi boca.

 

{Continuará}

martes, 22 de febrero de 2011

A los pies de la muerte (2º)

… No sé cuanto tiempo llevo aquí. Apenas recuerdo nada de mí, sólo la última semana de mi vida…

{…}

Me levanté como todas las mañanas. Me duché, desayuné, adecenté mi cuarto, me vestí y, antes de salir para ir a clase, me miré en el espejo. “La misma cara de siempre” pensé. Aquel era un día como otro cualquiera, salvo porque aquella noche había vuelto a soñar lo mismo desde que lo conocí. Recuerdo perfectamente su nombre como si lo llevara tatuado en el corazón, Álvaro.

Cuando llegué al instituto, él estaba esperando en la puerta. Le di un fugaz beso en los labios y entramos juntos a clase. Durante el descanso fuimos a su casa para recoger unos apuntes que necesitábamos y estuvimos allí hablando de lo que íbamos ha hacer ese fin de semana. Esa tarde no nos pudimos ver, pero no me importaba ya que lo tendría todo el fin de semana para mí.

Esa noche el sueño cambió, cuando me desperté recordé todo lo que mi mente había generado esa noche. Me asusté, no me gustaba recordar esas cosas. Ya me había pasado alguna vez y no había salido bien parada.

Tardé más de la cuenta en arreglarme y mi madre me preguntó que era lo que me pasaba. Le conté el sueño que había tenido y la sospecha que tenía. Mi madre se echó a reír y de broma dijo “ ¡Vaya, tenemos una bruja en la familia!”. A mi no me hizo gracia alguna. Las bujas aparecieron durante la Edad Media, ya no existen y, yo menos, iba a ser una de ellas.

Llegué al instituto cuando el timbre empezó a tocar. Álvaro no estaba en la entrada donde solíamos vernos y aquello me sorprendió. La noche de antes había estado hablado con él y me había dicho que al día siguiente iría a clase. Subí al aula donde nos tocaba y no lo vi allí. Durante aquella clase no apareció. El timbre tocó y nos cambiamos de clase. En ese intercambio lo llamé a su móvil pero no contestaba. Durante las dos clases siguientes mi subconsciente me trasladó a otro mundo, donde mi pesadilla se hacía realidad. Álvaro y yo paseábamos por la calle. Íbamos cogidos de la mano y hablando. Él me hacia que lo esperara en un banco mientras él cruzaba la calle a comprar algo en la tienda de enfrente. Yo lo esperaba sentada donde me había dicho, el tiempo se me hacía eterno y miraba mucho el reloj de muñeca que él me había regalado por mi cumpleaños. Lo había mirando dos veces ya y entre una vez y otra había pasado más de media hora. Me ponía nerviosa, estaba tardando mucho y no lo entendía. Miraba la puerta de la tienda pero él no salía. Cuando iba a cruzar par ir a buscarlo, él aparecía por la puerta de la tienda. Su expresión era diferente, no la había visto antes y me dejaba petrificada. Álvaro se acercaba hasta el paso de peatones pero no lo cruzaba. Nos quedábamos así un rato. Él sacaba una pequeña flor seca del bolsillo de su chaqueta y la tiraba al suelo al lado de sus pies. Yo seguía petrificada. Sin previo aviso y con un brillo extraño en los ojos, se giraba y se marchaba. Me quedaba paraba sin reaccionar. Cuando era capaz de asumir lo que había pasado echaba a correr en la dirección en la que Álvaro se había machado, tropezando y cayendo al suelo. Escuchaba un frenazo muy cerca de mí, me giraba y solamente me daba tiempo a hacerme un ovillo en el suelo pidiendo que al conductor le diera tiempo a frenar.

{…Continuará…}

domingo, 13 de febrero de 2011

A los pies de la muerte (1ª)

Me encuentro en la habitación de un hospital, o por lo menos eso creo. Las paredes están pintadas de un azul cielo, igual que el que se ve por la ventana. En la habitación hay tres personas además de mí.

En la cama que hay en el centro de la habitación hay una chica joven tumbada. Tiene el pelo corto y oscuro. No le veo el color de los ojos, puesto que los tiene cerrados desde que estoy aquí. Su piel parece más blanquecina al contraste de la diversidad de moratones que cubren su cuerpo. Al lado de la cama hay dos bolsas con líquidos de diferente color, una de color rojo y otra de color transparente, de las que cuelgan dos tubos que acaban inyectados en un brazo de la chica. En un dedo de su mano izquierda hay una pinza que, mediante un cable, la conecta a una maquina donde una línea se quiebra al sonido de un rítmico y estridente bip-bip-bip.

Sentada en una silla al lado de la cama hay una mujer de unos cuarenta y tanto años. Tiene la piel muy blanca y bolsas debajo de los ojos. Tiene aspecto abatido. Con las dos manos sujeta la mano derecha de la muchacha. Sus ojos van desde la máquina en la que se mueve la línea al chico que hay sentado al otro lado de la habitación.

El muchacho está situado lo más lejos posible de la cama. Es un chico joven, de pelo oscuro y piel morena. Al igual que la mujer, tiene bolsas debajo de los ojos. Parece que esta situación le incomoda. Su vista recorre el espacio que hay entre la muchacha y la maquina a la que está conectada. Noto como su corazón palpita nervioso cada vez que su vista se detiene en la muchacha.

Salgo al pasillo y empiezo a deambular por el hospital. Alrededor de la puerta por la que he salido se agolpa bastante gente a diferencia de otras habitaciones. No reconozco a nadie, solamente me suena algo la cara del chico que hay dentro de la habitación pero no sé muy bien de qué.

No sé cuanto tiempo llevo aquí. Apenas recuerdo nada de mí, sólo la última semana de mi vida.

{…Continuará…}

jueves, 3 de febrero de 2011

No fue un simple miércoles…

 

Aurea G.R- Miércoles, un día de la semana como otro cualquiera. El día que forma el ecuador de la semana. Es solo un día más. Sin embargo, no para mí. Fue un miércoles el que provocó un aluvión de sentimientos en mi pecho, un día que marcó un antes y un después en mi vida. Era miércoles cuando tú apareciste en mi vida. Y cada miércoles hago lo mismo para recordarte.

DSC00185aMe acerco tímidamente a esa casita, semi escondida en la ciudad, llena de ilusión y saber, de sueños y esperanzas. Miro por la ventana y me pongo a recordar aquel miércoles a las 6 de la tarde. Ambos sentados en una pequeña mesita, tímidos ante la presencia del otro y cruzando miradas llenas de complicidad. Me acerco a la puerta para ver si sigues sentado en esa infantil silla, aun sabiendo que tardaré en verte.

Pero es el recuerdo de esa primera vez lo que me hace quererte. A pesar de que ya han pasado dos meses desde aquella tarde, ese recuerdo sigue vivo en mi mente. Sin embargo, a pesar del paso del tiempo, cada miércoles me quedo en la puerta sin atreverme a entrar, temiendo que un nuevo hecho tape el anterior.

Me alejo de la casita cruzando el puente y volviendo a una realidad. Pero noto que algo falta en mí, que no encajo en esta realidad. Mi realidad se ha quedado atrás, al otro lado del puente, en el recuerdo de aquel momento. Mi realidad se congeló en el momento en el que te ganaste mi corazón.

Porque tú te has convertido en mi realidad.

lunes, 17 de enero de 2011

Inicio

Áurea. G.R-  A principios del invierno mi corazón sentía frio. En las calles, las personas intentaban que el aire no tocara su piel. A pesar de las capas de ropa que llevaba encima, mi corazón no poseía un abrigo que le apartase de ese frío aire. Mientras caminaba, a mi paso, las hojas caducas iban cayendo lentamente como queriendo parar el tiempo. Mi corazón quiso seguir el ritmo de las hojas al caer, y poco a poco lo fue consiguiendo. Mi cuerpo se fue debilitando con cada paso y mi alma iba perdiendo las ganas de vivir.

En un momento cualquiera, una puerta se abrió provocando una enorme oleada de calor en mi cuerpo. El tiempo quiso correr en ese preciso instante y mi frío corazón abandonó cualquier idea de detenerse.

Es en ese preciso instante en el que decidí tomar como asiento aquella infantil silla mi vida cambió por completo. Una leve sonrisa me trasladó en el tiempo, haciéndome volver a una perenne primavera. Con un tímido “hola” sentí como se ruborizaban mis mejillas. Y con aquellas miradas llenas de complicidad sentí ganas de vivir. Al dejar aquel infantil asiento, el mundo que se había formado en mi corazón cayó como un castillo de naipes. La inseguridad doblegó toda célula de mi cuerpo y el frío llegó nuevamente a mí alrededor.
Sin embargo, el tiempo no quiso que mi corazón se helase. Al volver a ver aquellos ojos, sentirlos cerca y notar que me miraban, mi corazón volvió a la infancia. Al sentirte cerca y notar cómo me abrazabas, el frío y la inseguridad abandonaron todos los rincones de mi ser. Y fue con aquel primer beso, mientras escuchábamos los acordes de una lenta canción, cuando sentí que mi vida te pertenecía. escrito- inicio
 
Y es ahora cuando me aferro a aquel recuerdo, es ahora cuando me aferro a tu recuerdo. Porque tú eres el sol que ha conseguido calentar mi corazón, eres mi primavera… mi estación favorita. 

martes, 28 de diciembre de 2010

Descanso

Durante estas vacaciones he decidido dejar a un lado los escritos del blog para poder pasar mas tiempo con amigos y familia. No voy a dejar de escribir durante estas fiestas por lo que cuando terminen os mostraré algo nuevo.

Espero que todos estéis pasando unas felices fiestas.

FELIZ NAVIDAD Y QUE EL 2011 VENGA LLENO DE PAZ Y AMOR.

Adeste Fideles, Il Divo 

felicitación navidad

domingo, 5 de diciembre de 2010

Confesiones en la oscuridad

Hace ya algo más de dos meses, el 30 de septiembre del 2010, empezó para mí una etapa nueva en la vida. Una etapa dura, de sufrimiento y horas en vela que sin embargo se ven recompensadas a la larga. Aunque por el contrario no es gratificante a corto plazo.

Hace dos mese empecé a estudiar fuera de casa. Un momento que todo estudiante espera. Para algunos esta espera les parece interminable, para otros, desean que no llegue nunca. Yo me encontraba entre los dos.

Cuando escuchaba hablar de cómo era la vida fuera de casa estudiando en la capital, se me hacía la boca agua. Deseaba que se acercara el momento de poder hacer las maletas, de decorar mi nueva habitación y de conocer gente y lugares totalmente diferentes. Pero cuando se acercaba cada vez más la fecha me daba miedo, un miedo a lo desconocido, a encontrarme sola en un lugar extraño.

Pero a pesar de querer parar el reloj, el momento llegó y con él la fecha que daría paso a mi nueva vida. Una nueva vida que me asustaba.

Al principio todo parecía ir bien, era de extrañar que yo llamara para saber de mi familia. Pero con el paso de los días, el teléfono que sonaba era el de mis padres por mi llamada. Los echaba de menos. Todas las noches me acostaba mirando las fotografías que adornaban un testero de mi cuarto, unas fotografías en las que están las personas que más quiero. El mero hecho de mirarlas me hacía creer que estaban cerca, que tenía que estar contentos por ellos, que pronto los vería a todos. Por las mañanas, era lo primero que miraba. Me sentía fuerte, con ganas de levantarme, me decía a mi misma que no podía defraudarles…

Es curioso que siempre haya una pregunta que la gente nuca hace, la pregunta por excelencia siempre es y será ¿cómo te va?. Sí, como te va… en los estudios, en el piso, con los nuevos amigos, pero nunca se pregunta ¿cómo estás tu? Y mi respuesta, ahora mismo, sería “no lo se”. Es curioso como la gente se interesa más por tu vida social que por la persona en sí.

Han pasado ya dos meses y hay noches en las que, mirar las fotografías, lo sigo haciendo. Me hacen recordar, recordar risas y llantos, gritos y abrazos… en el fondo, sentimientos. Sentimientos que se encuentran divididos en mi corazón. Un corazón que se encuentra nublado, que no sabe que camino coger.

Por un lado se encuentran las ganas de conocer gente y lugares nuevos. Por el otro se amontonan todos los recuerdos, buenos y malos, de todas las personas que han pasado por mi vida este tiempo atrás, unos recuerdos que temo pero no quiero perder. Pero hay veces que lo nuevo puede con lo más viejo. Cuando me pasa esto, intento dormir. El sueño me evade de la realidad y me hace deambular entre los recuerdos más escondidos de mi mente posicionándolos los primeros, aunque mi vida transcurra lejos de ellos.

Pero a pesar por mi esfuerzo por no olvidar, sé que pasará el tiempo, las cosas se olvidarán y las caras de las personas me serán leves borrones en mis recuerdos. Sin embargo se que por muy lejos que me vaya, siempre volveré a mi casa con los míos, porque es ahí donde está la base de mi felicidad.

Gracias a todos los que me apoyáis en esta nueva etapa… os hecho y os echaré mucho en falta por muy cerca que esté de vosotros

Gracias mamá, papá y hermanitas.

martes, 30 de noviembre de 2010

Recuerdos de un cofre sin cierre

 
Mi mente va haciendo equilibrio por el borde de la inconsciencia. A ambos lados del camino, las imágenes de mis recuerdos se van sucediendo. Aquel cumpleaños de risas al lado del fuego, la primera vez que fuimos a una discoteca, el primer “hola” y el ultimo “adiós” que os dije, la primera vez que lo vi, esa imagen que se quedó grabada a fuego en mi mente. Mi mente se detiene en ese punto del camino y lo observa atentamente. Empieza a caminar por ese pequeño desvío que le hace acercarse más a la inconsciencia.
Las fotografías suyas, las nuestras, los buenos momentos que hemos pasado juntos, tus palabras de consuelo en los míos, tus risas y tus ganas de vivir hacen que mi corazón se detenga por momentos para que a mi mente le sea más fácil borrarlos. Lo intento pero no lo consigo.
Avanzo cada vez más por ese sendero, recordando viejos momentos que mi corazón sabe que no se repetirán. Me detengo ante la última imagen de ambos, yo con el vestido típico andaluz y tu rodeando mi cintura, ambos sonriendo felices a la cámara. Alzo la mano para intentar tocarla pero esta se desvanece al instante.
Algo tira de mi hacía atrás, alejándome de esos buenos momentos. Por mis oídos empiezan a entrar leves sonidos que intentan que vuelva a la realidad contra mi voluntad, y no me queda más remedio que dejarme llevar.
Me muevo inquieta y mis ojos se abren lentamente, enfrente veo el culpable de mi regreso, el despertador que hay en la mesilla de noche que marca la hora de levantarse para ir a clase. Me levanto sin ganas de la cama y deambulo hasta el baño para asearme. Al abrir el grifo del lavabo me percato del silencio que inunda mi casa. Mis padres aun duermen, poco habitual en ellos.
Cierro el grifo y me dirijo a la cocina para mirar el calendario de pared, percatándome de que la noche anterior había olvidado desconectar el despertador, era sábado y yo me había levantado a las siete de la mañana. recuerdos
Regreso a mi dormitorio y me meto en la cama, pero no consigo dormir otra vez. Miro hacía el escritorio donde tengo colocadas algunas fotografías y me detengo en la última que me hice con él. Me levanto y la cojo. A mi mente viene sus últimas palabras con las que me rompía el corazón, en las escuchaba el ultimo adiós.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Un Belén para comérselo

 

 

Aurea G.R. Para celebrar la navidad es muy normal colocar en nuestras casas pequeños Belenes para recordar el nacimiento de Jesús. En un pueblo cordobés no han querido ser menos. Hace más de 90 años que se fundó Galleros Artesanos de Rute S.L y esta empresa familiar ruteña acaba de cumplir 10 años realizando su ya tradicional Belén de Chocolate.

clip_image002La idea de realizar este inusual Belén de chocolate nació de las ganas de unir la pasión por los dulces y el amor por las fiestas navideñas de los gerentes de la empresa, los hermanos Garrido, “y como mejor forma que haciendo algo que nunca antes se había hecho como un es un Belén de Chocolate” comentó Jorge Garrido.

Los tres hermanos Garrido, Jorge, Ramón y Victoria, son los encargados de que el Belén y todas sus figuras y piezas estén listas para la exposición. Durante más de 5 meses, siete maestros pasteleros, todos ellos cordobeses, han estado para hacer posible este particular homenaje a la navidad. Desde el mes de mayo se trabaja en la elaboración de las 1.500 piezas de chocolate, todas ellas realizadas artesanalmente, que componen el Belén. Para ello se han necesitado este año cerca de 1.400 kilogramos de chocolate negro y blanco puro. Todas las piezas han sido creadas y manejadas a una temperatura constante de 18oC para su conservación durante la exposición.clip_image004

Este especial Belén se ha hecho famoso por toda la comarca cordobesa y no sólo son los cordobeses los que lo visitan, sino que numerosos autocares llegan para ver esta exposición y algunas de las piezas perenes que contiene el museo. Galleros Artesanos cuenta con tres figuras a tamaño natural de la casa real, Doña Sofía y los Príncipes de Asturias.

Esta singular exposición estará disponible al público en la fábrica de Galleros Artesanos en Rute, Córdoba, hasta que después de la festividad de los reyes se fundan todas estas piezas y se ofrezca una chocolatada a cerca de 800 niños invitados. Pero sin duda, este singular Belén estilo sevillano ruteño es un destino obligado en estas fechas que se acercan.

Fotografías por Aurea G.R.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Más allá de cualquier sentimiento (3ª y ultima parte)

Quiero alejarme de esa cama, pero una fuerza superior a mí me lo impide. Intento tocarlo una vez más y esta vez él gira la cara hasta donde yo me encuentro. Alza la mano pero esta me traspasa. Creo que noto una pequeña sensación cuando su mano me atraviesa, un pequeño cosquilleo que recorre todo mi cuerpo. Una segunda mano me atraviesa, pero esta vez por detrás. Coge la mano del paciente y la acaricia. Me giro para ver a su dueño y veo que es una linda chica. Sonriente y de gran atractivo. Esta vez, cuando  intento alejarme de la cama si puedo y dejo de notar ese pequeño cosquilleo. Miro a las dos únicas personas que están en la habitación. Ella se acerca más a la cama del paciente y deposita un suave beso en los labios de este, pero él gira la cara hacia la puerta, con la expresión más triste del mundo en su rostro.

Salgo de la habitación con la intención de explorar pero algo hace que me pare en la habitación contigua a la que acabo de salir. Dos personas con uniformes verdes desenganchan tubos y cables del cuerpo de una muchacha. Me acerco a la cama y miro un portarretratos que reza sobre la mesilla contigua a esta. En la foto aparece el chico de la habitación de la que he salido, abrazando a una chica. Miro la cama y me doy cuenta que es la chica de la foto antes de que un señor con bata blanca tape el rostro de la paciente con una sabana, mientras otro escribe rápidamente sobre una carpeta. Que es en mi fichan en la que acaban de escribir mi fecha y hora de la defunción. En el pasillo alguien llama mi atención al chillar. La chica de la habitación de al lado está en la puerta, llorando. Dentro, tres personas con batas blancas están sobre el chico. Escucho nuevamente el estridente pitido proveniente de la habitación y siento como mi corazón latiera de nuevo.

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Unos brazos me rodean protegiéndome y, de repente, todo cesa. No escucho ningún ruido, las personas enmudecen de golpe aunque sus labios se sigan moviendo y un gran calor inunda mi cuerpo. No me hace falta girarme para saber que al fin estás a mi lado. Tus bazos me rodean con más fuerza y escucho tu voz “Moriría una y otra vez para estar contigo, gracias por regresar y esperarme.” Y así, abrazados, dejamos esta vida terrenal y finita para pasar a otra, quizás, más feliz.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Más allá de cualquier sentimiento. (2ª parte)

Noto nuevamente tu presencia, está vez más cerca, a mi lado. Tu esencia rodea mi cuerpo llenándome de una tremenda alegría y tranquilidad, una alegría que hace mucho tiempo no había sentido y que hace que mi cuerpo quiera gritar de felicidad. Pero tu esencia empieza a apretar mi frágil cuerpo y la alegría y la tranquilidad se convierten repentinamente en un gran dolor que intenta aplastar mi corazón. Acompañando este gran dolor que me oprime, un estridente pitido empieza a taladrar mi cabeza, haciendo que mi cuerpo se convierta en un ovillo sobre el suelo.

La cabeza empieza a darme vueltas y a mi pecho le cuesta cada vez más respirar. Cierro los ojos cuando la niebla intenta cubrirme y el suelo desaparece bajo mi cuerpo haciéndome caer en ese abismo del olvido. El estridente pitido se va intensificando mientras la gravedad hace que mi cuerpo coja más velocidad en la caída libre. Con un golpe seco, mi cuerpo se para, el ruido cesa y, con una gran bocanada de aire, mis ojos se abren nuevamente.

Mis sentidos notan tu presencia. Miro a mí alrededor y mis ojos se paran en esa cama de hospital donde un cuerpo descansa. Un cuerpo lleno de tubos y cables, frágil como una pluma y pálido como el mármol. Como guiados por un imán, mis pies avanzan hacia esa cama. Miro al paciente que hay sobre ella y una de mis manos se alza para apartarle un mechón de pelo de la cara. Pero mi mano atraviesa su cuerpo, lo intento una y otra vez pero no puedo. Intento abrazarlo, acariciarlo o simplemente rozarlo para hacerle saber que estoy a su lado de nuevo. Intento llorar a causa de la impotencia pero ninguna lágrima sale de mis ojos. No siento latir mi corazón, el frío o el calor no me acompañan, no percibo ninguna sensación que provenga de mi cuerpo. El único sonido que escucho son los latidos del corazón del paciente.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Más allá de cualquier sentimiento. (1ª parte)

Mi cuerpo camina por el borde de la inconsciencia. A ambos lados de la línea por la que hago equilibrio, una niebla oscura lo inunda todo. De vez en cuando, un destello de luz aparece a lo lejos. Es un vago recuerdo tuyo que, en momentos puntuales, aparece ante mis ojos.

Tu rostro va apareciendo con más frecuencia acompañando cada paso que doy. Mi corazón se va encogiendo durante el camino. Tu rostro lo hizo gritar de alegría en un pasado, pero ahora sólo queda tu recuerdo que lo hace cada vez más inestable.

Escucho tu voz a lo lejos pidiéndome que la sigua y, como una tonta enamorada, lo hago. Dejo atrás la línea de la inconsciencia para adentrarme en esa espesa niebla oscura que me rodea.

Tu voz se escucha cada vez más lejana, intento seguirla pero me es imposible. Una barrera me impide el paso y dejo que escuchar tu voz. Intento rodear la barrera, pero me doy cuenta que estoy atrapada entre las redes de mi memoria. Te veo y te siento cerca pero me es imposible seguirte, ante mis ojos, tu silueta va caminando haciéndome cada vez más daño.

Mis piernas empiezan flaquear y tengo que sentarme para no caer al abismo del olvido. Apoyo la espalda sobre esa fina barrera que me impide tocarte mientras las primeras lágrimas escapan de mis ojos. Unas lágrimas que demuestran el gran cariño que una vez sintió mi corazón por ti.