domingo, 5 de diciembre de 2010

Confesiones en la oscuridad

Hace ya algo más de dos meses, el 30 de septiembre del 2010, empezó para mí una etapa nueva en la vida. Una etapa dura, de sufrimiento y horas en vela que sin embargo se ven recompensadas a la larga. Aunque por el contrario no es gratificante a corto plazo.

Hace dos mese empecé a estudiar fuera de casa. Un momento que todo estudiante espera. Para algunos esta espera les parece interminable, para otros, desean que no llegue nunca. Yo me encontraba entre los dos.

Cuando escuchaba hablar de cómo era la vida fuera de casa estudiando en la capital, se me hacía la boca agua. Deseaba que se acercara el momento de poder hacer las maletas, de decorar mi nueva habitación y de conocer gente y lugares totalmente diferentes. Pero cuando se acercaba cada vez más la fecha me daba miedo, un miedo a lo desconocido, a encontrarme sola en un lugar extraño.

Pero a pesar de querer parar el reloj, el momento llegó y con él la fecha que daría paso a mi nueva vida. Una nueva vida que me asustaba.

Al principio todo parecía ir bien, era de extrañar que yo llamara para saber de mi familia. Pero con el paso de los días, el teléfono que sonaba era el de mis padres por mi llamada. Los echaba de menos. Todas las noches me acostaba mirando las fotografías que adornaban un testero de mi cuarto, unas fotografías en las que están las personas que más quiero. El mero hecho de mirarlas me hacía creer que estaban cerca, que tenía que estar contentos por ellos, que pronto los vería a todos. Por las mañanas, era lo primero que miraba. Me sentía fuerte, con ganas de levantarme, me decía a mi misma que no podía defraudarles…

Es curioso que siempre haya una pregunta que la gente nuca hace, la pregunta por excelencia siempre es y será ¿cómo te va?. Sí, como te va… en los estudios, en el piso, con los nuevos amigos, pero nunca se pregunta ¿cómo estás tu? Y mi respuesta, ahora mismo, sería “no lo se”. Es curioso como la gente se interesa más por tu vida social que por la persona en sí.

Han pasado ya dos meses y hay noches en las que, mirar las fotografías, lo sigo haciendo. Me hacen recordar, recordar risas y llantos, gritos y abrazos… en el fondo, sentimientos. Sentimientos que se encuentran divididos en mi corazón. Un corazón que se encuentra nublado, que no sabe que camino coger.

Por un lado se encuentran las ganas de conocer gente y lugares nuevos. Por el otro se amontonan todos los recuerdos, buenos y malos, de todas las personas que han pasado por mi vida este tiempo atrás, unos recuerdos que temo pero no quiero perder. Pero hay veces que lo nuevo puede con lo más viejo. Cuando me pasa esto, intento dormir. El sueño me evade de la realidad y me hace deambular entre los recuerdos más escondidos de mi mente posicionándolos los primeros, aunque mi vida transcurra lejos de ellos.

Pero a pesar por mi esfuerzo por no olvidar, sé que pasará el tiempo, las cosas se olvidarán y las caras de las personas me serán leves borrones en mis recuerdos. Sin embargo se que por muy lejos que me vaya, siempre volveré a mi casa con los míos, porque es ahí donde está la base de mi felicidad.

Gracias a todos los que me apoyáis en esta nueva etapa… os hecho y os echaré mucho en falta por muy cerca que esté de vosotros

Gracias mamá, papá y hermanitas.

1 comentario:

  1. Aureeeaaaaaa!!! Que monaaa coño!!! y que gran verdad.... ¿cómo te va? pero y ¿cómo estamos? =S
    Un beso linda.

    Lauriitaa

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