En un momento cualquiera, una puerta se abrió provocando una enorme oleada de calor en mi cuerpo. El tiempo quiso correr en ese preciso instante y mi frío corazón abandonó cualquier idea de detenerse.
Es en ese preciso instante en el que decidí tomar como asiento aquella infantil silla mi vida cambió por completo. Una leve sonrisa me trasladó en el tiempo, haciéndome volver a una perenne primavera. Con un tímido “hola” sentí como se ruborizaban mis mejillas. Y con aquellas miradas llenas de complicidad sentí ganas de vivir. Al dejar aquel infantil asiento, el mundo que se había formado en mi corazón cayó como un castillo de naipes. La inseguridad doblegó toda célula de mi cuerpo y el frío llegó nuevamente a mí alrededor.
Sin embargo, el tiempo no quiso que mi corazón se helase. Al volver a ver aquellos ojos, sentirlos cerca y notar que me miraban, mi corazón volvió a la infancia. Al sentirte cerca y notar cómo me abrazabas, el frío y la inseguridad abandonaron todos los rincones de mi ser. Y fue con aquel primer beso, mientras escuchábamos los acordes de una lenta canción, cuando sentí que mi vida te pertenecía.
Y es ahora cuando me aferro a aquel recuerdo, es ahora cuando me aferro a tu recuerdo. Porque tú eres el sol que ha conseguido calentar mi corazón, eres mi primavera… mi estación favorita.